No hay comunicación neutra

En el aire se respira la necesidad de un cambio y, aunque desorientados, los protagonistas de la comunicación política y pública buscan nuevas vías para llegar a los ciudadanos y asumen nuevos retos que les obligan a revisar antiguos modos de hacer.

Y no podemos negar que, en medio del desgaste y la desconfianza, el fenómeno Obama nos ha marcado y por fin nos ha hecho dar cuenta de la importancia que tiene saber comunicar. Porque la capacidad de comunicación personal es lo que nos permite llegar a los demás, mucho más allá de los argumentos racionales. Nos permite llegar con las emociones. Y esto es lo que de verdad inspira confianza, tiene credibilidad, motiva, anima, influye y mobiliza.

No hay comunicación neutra. De la misma manera que no se puede no comunicar. Si partimos de estas leyes tan elementales, es mucho más claro que el control sobre el mensaje que emitimos y dominar la forma de transmitirlo son habilidades esenciales para el éxito en cualquiera de nuestras “empresas”, personales o profesionales.

Hoy, tener claro el mensaje y dominar las técnicas de impacto y difusión son ventajas competitivas que no nos podemos permitir infravalorar. Por diferentes razones:

  • Por la saturación de información que padecemos los humanos del s. XXI
  • Por la diversidad de vías de transmisión y la rapidez con la que cambian
  • Por la falta de credibilidad que tiene la clase política
  • Porque los públicos objetivos son cada vez más cultos, más críticos… también más escépticos ante cualquier promesa.

Por estos motivos hacen falta expertos en la materia, hacen falta conocimientos.Y es necesaria, muy a menudo, una cierta desimplicación ideológica para ver las cosas con perspectiva. Es necesario profesionalizar el asesoramiento en márqueting y en estrategia. Y hay que confiar a expertos el aprendizaje de técnicas de comunicación pública y política, igual que lo aplica desde hace décadas la empresa privada para sus profesionales.

La sociología, la psicología, la economía, el márqueting, la lingüística y tantas otras disciplinas nos aportan radiografías cada vez más precisas y nuevos datos sobre el comportamiento humano, tanto individual como colectivo.

Hasta hace pocos años, la mayor parte de los procesos de comunicación que tejían la vida y movían el mundo eran espontáneos e intuitivos. Hoy, el entramado es demasiado complejo para dejarlo a la buena voluntad o al azar. Debemos dominar la palabra, y también el código de los colores, la gramática del gesto, el poder de la voz y todas las técnicas de persuasión que harán que nos escuchen y, sobre todo, nos harán diferentes y auténticos, dos de los atributos imprescindibles para seducir.

Hoy, podemos desarrollar las habilidades de las personas mediante entrenamientos rigurosos y eficaces. Y podemos planificar la comunicación personal de cada candidato y de cada personaje público, para adecuarla al contexto y conseguir los objetivos que se haya marcado.

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